15
Abr
08

El cuadro que adorna mi living-comedor

Bueno, inauguramos Una brocha gorda. Este blog tiene una consigna bien simple: la idea es hablar de todo aquello que se nos pasa por alto en la rama de las artes plásticas.

Sabemos que, muchas veces, las cuestiones relacionadas con este tipo de expresión artística generan cierto debate -muy rico, por cierto-. Esa es una de nuestras intenciones para acercar las preocupaciones de las altas esferas intelectuales a la cotidianeidad.

Pero que no se confunda: no pretendemos enseñar a nadie ni andar juzgando por doquier con un criterio elitista. Ese no es nuestro trabajo, ni tampoco el del artista. Solo se trata de pensar un poco en otros términos, más amables y simpáticos.

Lo que nos ocupa hoy es el recorrido de aquellos artistas clásicos que hoy en día pueden encontrarse enmarcados en pequeños cuadros en cualquier “Todo por dos pesos”.

Hace unos años, en las paredes de mi casa, aparecieron como por arte de magia dos Degas (si mal no recuerdo, uno era “La estrella”) y un par de cuadros de Van Gogh. Cuando atiné a preguntarle a mi madre de dónde los sacó, me confirmó que los había adquirido a un módico precio en uno de esos bazares de todo un poco. Los cuadritos –que eran simples reducciones de obras- estaban enmarcados con metal negro y bajo la pintura rezaban los títulos y el nombre del artista, impreso con la firma correspondiente.

Después de un tiempo, me sigo preguntando qué es lo que motiva a los industriales a enmarcar pinturas de artistas impresionistas y expresionistas para decorar casas. En otros términos, la misma pregunta reformulada sería la siguiente: ¿Porqué no un Mondrian? ¿Porqué no un Pollock? No señor, nada de vanguardias de los últimos treinta años.

Lo mismo me sucede con el fenómeno de Diego Rivera. No me corresponde juzgarlo, pero hoy en día me satura ver su obra colgada en cualquier living que se precie de armonioso. ¿Serán los colores? ¿Será la proximidad geográfica? ¿Será que transmite paz y encaja perfecto con la nueva moda Feng Shui que reemplaza las costumbres New age?

Vaya a saber uno cuáles son los motivos, porque nadie tiene una respuesta firme y concisa acerca de esto último.

Sin embargo, algunas certezas tengo. La principal es que parece ser que la tradición es muy fuerte, por lo menos en nuestro país. Un artista clásico es un clásico y no hay con qué darle. Y en este sentido, nadie se va a arriesgar a colgar un “chocante” Basquiat en medio de su living modernoso. Simplemente porque no entra en esa idea de “artista clásico” que se corresponde con el buen gusto.

Error. Me pregunto entonces, ¿qué es el buen gusto? ¿Pintar bailarinas, un campo de trigo o un jardín en invierno? Yo no juzgo a estos artistas, que también son de mi preferencia. Pero no puedo comprender del todo porqué ciertas concepciones siguen estacionadas en el colectivo imaginario. Y es ahí donde retomamos la vieja discusión sobre lo que es o no es arte, sobre lo que es “buen arte” o “mal arte”.

En fin, es un tema de carácter complejo para unas breves líneas. Y hasta parece ser muy general para ser tratado con la profundidad necesaria.

Por el momento, acabo de tirar la bomba. Pero ahora, lo que resta saber, es en donde va a caer.




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